UNA MAMÁ MUY EGOÍSTA

11/24/2015 12:16 am
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Photo: Paul Joseph Photography

 

Yo creo que la maternidad está tan llena de culpas no por los juicios de los demás – sino por hacer cosas con las que no te sientes cómoda tú misma. Por callar tu voz interna y no hacerle caso a tus instintos.

Y es que, a pesar de ser tan “juzgada” por mi estilo de crianza tan radical, yo no siento ni tantita culpa. Ni pena. Que va, ni ofensa alguna.

Es por eso que todas esas campañas de “dejar de juzgar” me parecen tan absurdas. Que te digan misa, si tú estás contenta con tus decisiones, nada importa lo que piensen los demás.

En 31 años, nunca había sido tan feliz. Tan plena. Tan contenta con el presente y sin preocupación alguna por el futuro.

Siempre supe que quería ser mamá pero jamás pensé que se convertiría en lo que más disfruto. Y hablo de ese disfrute egoísta – de cuando te vas a hacer un masaje, o te regalas algo o te echas a leer un libro.

Nunca pensé que la vida de mamá fuera tan divertida. Es más, cuando pedí tomarme el año sabático para dedicárselo a Martina, en mi cabeza lo veía como un año de mi vida que estaba “donándole” a mi hija. Por SU salud. Para SU bienestar. Enfocado en SU crecimiento.

Y sólo ahí fue cuando sentí un poco de culpa – por abandonar mi carrera y mi independencia ante algo que (todavía) no sabía si me iba a gustar.

Jamás imaginé que sería un año de puritita satisfacción y gozadera mía.

Y es que sí, me la paso pegada a ella. Y en estos 5 meses no he podido soltársela mas que a su papá. Pero más que por el miedo de que otra persona no la cuide tan bien como yo lo haría, no la dejo porque tan solo de pensarlo me pone triste. Y no hay ninguna actividad que me emocione tanto como ver su sonrisa monodiente.

Y sí, le he dado 5 meses de lactancia exclusiva porque es lo que más le va a nutrir y fortalecer sus defensas. Pero también lo hago porque es mucho más fácil para mi seguir yendo a todas partes sin cargar nada ni acordarme de a qué hora le toca comer. Ni hablar de irme todo el día sólo con 3 pañales en la bolsa.

Y sí, también hago colecho, me da ternura que duerma solita en su cuarto. Pero, ¿la mera verdad?… muero de flojera de que me despierte un monitor a las 3 de la mañana para luego tener que prender luces y despabilarme por completo en lo que adivino qué tiene.

Y sí, decidí no darle chupón para cuidar sus dientes y mantener el desarrollo lingüístico que ha adquirido tomando pecho. Pero, siendo honesta, lo hago para evitarme una pelea larguísima dentro de un par de años para intentar quitarle algo que yo misma le di.

Y claro, la llevo a todas partes porque no quiero dejar su crianza a cargo de una empleada. Pero la realidad es que no estoy dispuesta a parar mi vida, mis amigas, mis cenas en pareja… e integrándola a ella en mi rutina es la mejor manera de disfrutar todo eso que, además de ella, me hace feliz.

Así que no. No me parezco en nada a esas mamás abnegadas y benévolas que tanto estudié en mis campañas de detergentes. Estoy muy lejos de sacrificar mi vida sólo por el bienestar de mi hija.

Seré una mamá egoísta. O suena más bonito una mamá “práctica”. Pero sobre todo, una mamá que se ha dado cuenta que entre más piensa en sí misma, más fácil resulta la maternidad.

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