A UN AÑO DE RENUNCIAR A MI INDEPENDENCIA

02/21/2017 1:09 am

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“Independencia”.

Así le decía yo a mi trabajo en el mundo corporativo.

Supongo que me refería a la paz mental de recibir un cheque fijo todos los meses porque claramente al encarcelamiento de 10 horas diarias no.

Hoy se cumple un año de que tomé la decisión de abandonar mi carrera corporativa para darle prioridad a mi rol de mamá.

No fue una decisión fácil, ni tampoco rápida.

Fue una decisión que, sin saberlo, en realidad había empezado a tomar desde el día en que abrí mis blogs y comencé a convertirme en una emprendedora en mis ratos libres.

Pero, sobre todo, fue una decisión motivada por las experiencias que viví como niña y que más marcaron mi infancia.

“Somos padres desde los hijos que somos”.

Yo crecí con nanas. Y me prometí no hacérselo a mis hijos.

Sí, eran nanas que me querían mucho, que preparaban mi desayuno favorito y me hacían chistes de camino al colegio.

Pero no eran mi mamá.

Mi mamá no podía ir a mis presentaciones del colegio porque habían juntas que no podía cancelar. Porque pensaba que “es sólo una de muchas” y que “el fin de semana se lo compenso”.

Mi mamá, lógicamente, pensaba que estaría conmigo muchos años y nunca se imaginó que serían sólo 12 antes de que una enfermedad nos cambiara los roles.

Mi mamá, me amaba tanto, que tomó decisiones basadas en lo que su mamá no le dio.

Y así hice yo.

Tomé la decisión pensando en lo que la Paola de niña quería de su mamá.

Y durante meses antes de tomarla me cuestioné si era lo correcto, si realmente sería feliz. Si me estaba lanzando al precipicio y si todo valdría la pena en un futuro.

Pero hoy, 365 días después, por fin entendí que esa decisión en realidad no la tomé por Martina.

No la tomó una mamá desinteresada ni abnegada.

No la tomó una hija con ganas de estar con mamá.

La tomé yo.

La tomé por mi.

La tomé porque yo quería gozar cada segundo de mi hija. La tomé porque eso me hace feliz. Y la tomé, también, porque yo quería ser emprendedora.

Quería tener libertad para usar mi tiempo como quisiera. Quería saber de qué estoy hecha.

La tomé con el corazón. Con la cabeza. Y con mucho miedo.

Y la tomé sin saber que un año después me haría sentir tremendamente orgullosa de mi misma.

Así que si estás pasando por esto, pregúntate bien qué es lo que tú quieres.

Qué es lo que a ti te hace feliz.

De nada sirve que te emocione el objetivo si el día a día es un calvario.

No sabemos cuánto vamos a vivir ni tampoco qué pensarán nuestros hijos en el futuro. Toma la decisión que más te haga sentir orgullosa de ti misma y aplaude tu valor todos los días.

 

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