Mi primer Potluck

02/14/2011 12:47 am

Yo no vine a Panamá huyendo de nada, tampoco por obligación. No vine por el dinero ni buscando novio. Vine, exclusivamente, por la experiencia. Yo soy uno de esos casos (aparentemente raros) en donde escogí venir.

Hoy, tuve uno de mis mejores días aquí. Hoy sonreí, di gracias y comprendí por qué tomé la decisión.

Como solamente ocurre en los fines de semana, Dominga me dejó dormir hasta tarde. Como todas las mañanas, fuimos al parque, corrimos, jugamos con otros perros y comimos raspados. Pasamos un largo rato ahí, aprovechando que era domingo y que no tenía que correr a bañarme para ir a la oficina.

Después fui al súper a buscar qué se me ocurría cocinar para el Potluck al que me habían invitado. Considerando que sólo sé hacer un par de cosas, no fue tan difícil.

Y así comenzó la tarde. Conocí a varios ayer en la noche así que no me sentí rara y ubiqué rápído a las caras conocidas. La cita era en Casco Viejo, en la parte antigua de Panamá. Cascarón colonial, fachada rosa, pisos de azulejo pintados a mano y elevador dorado viejito a la terraza. Me arrepentí de no llevar cámara.

Mi primera vez en un Potluck: cada quién lleva algo de tomar y de comer. Pintxos de alcachofa con cangrejo, calabazas zucchini con queso de cabra, pan tomate con prosciutto (el mio), papitas con pesto. Se prendió después el asador y mi paladar estaba que no daba crédito: costillitas en salsa de piña, langostinos con tomate y ajo, pollo en salsa agridulce, dátiles envueltos en tocino y demás cosas maravillosas.

La música excelente, los vinos también y de la gente ni hablar. Todos son europeos o americanos. Todos guapísimos, como salidos de revista. El promedio de edad es como de treinta y tantos, la mayoría felizmente casados. Chistoso: no hay ninguna pareja en donde los dos sean del mismo país. Algunos tienen empresas de internet o bienes raíces que les permite viajar a donde sea, escogieron Panamá por el estilo de vida. Hay otra que trabaja en la ONU, una maestra, otro que tiene una empresa de cacao y uno que tiene un hotelito. Les encanta su trabajo pero les encanta más su calidad de vida. Son amigos y vecinos, pues todos viven en el mismo barrio.

También por ahí estaban un dálmata, un poodle, un rodhesian ridgeback y un labrador llamado Vegas. Todos entrenadísimos. Dominga se la hubiera pasado igual de bien que yo.

Deja un comentario

comentarios