LA MEJOR FILOSOFÍA DE CRIANZA

09/15/2015 11:16 pm

un regalo para toda la vida

 

Cuando no eres papá y piensas en la mejor forma de criar a un hijo, el approach es más o menos así:

  1. piensas en todos los hijos de tus amigos
  2. juzgas (por las 3 o 4 veces que los has visto) cuál es el “mejor portado”
  3. le metes un par de ideales sobre tu idea del niño perfecto
  4. y decides que esa será tu filosofía de crianza

Siguiendo esos pasos, le pregunté a mi amiga Anna cómo le hizo para tener a una niña tan tranquila, dormilona y bien portada. A lo que me respondió que no había hecho nada mas que seguir un librito maravilloso al pie de la letra

“¡Pues esa será mi Biblia!” pensó la Pawichiz pre-mamá. Y en mi viaje a Cuba me leí todo el libro: The Contented Little Baby Book.

El libro hablaba sobre la importancia de tener una rutina muy estricta con los bebés – y no sólo horas fijas en las que se despertaban, comían y dormían, sino también la hora (exacta) en la que yo podía desayunar, el momento (exacto) en el que podía darle besos o bañarla y también en el que ni siquiera podía hacer contacto visual para evitar despertarla.

Este “manual para tener el bebé perfecto” era sumamente específico, tanto, que las rutinas cambiaban cada 2/3 semanas para irse adaptando al crecimiento de los bebés. Y bueno, sobra decir que el método juraba ser infalible ya que se había puesto en práctica en miles y miles de bebés.

Lejos de darme la confianza que buscaba, me sentí abrumada. Y un poco aterrada.

Y es que, ¿cómo le iba a hacer para despertar/alimentar/dormir a Martina a la misma hora todos los días si ni siquiera yo o Andrés lo hacíamos? ¿Cómo le haría para no comérmela a besos a todas horas cuando era una de las razones principales (si no es que la primera jaja) por la que estaba teniendo un hijo?

Confieso que apenas terminé el libro decidí que no era para mi. Y esto me hizo sentir un poco derrotada. Casi como si estuviera aceptando que, por no ser tan estricta y puntual como mi amiga alemana, estaba condenada a tener a un bebé “mal portado”.

¿Será que tenía que cambiar mi forma de ser para poder tener a una hija bien portada?

Como soy bien junkie de información, decidí no rendirme. Y mejor me seguí con los demás libros que me habían recomendado las otras personas que (también) tenían hijos bien portados para ver si alguno me sonaba.

Y me leí muchos. Algunos me convencían más que otros, pero ninguno me quedaba como anillo al dedo. Hasta que di con el bueno: Un regalo para toda la vida.

Este libro sí le hablaba a MI instinto de mamá. Con cada cada consejo, el autor sustentaba a base de información y datos las cosas que yo de verdad quería hacer para criar a mi bebé: lactancia exclusiva, a libre demanda, besos a toda hora y mimos también. Una filosofía súper práctica, que entraría más natural a mi ritmo diario y con la que podría integrar a mi bebé a mi mundo. Pero sobre todo, una filosofía con la que sentía que la criaría bien.

Hoy, les cuento que Martina solita se ha hecho sus “rutinas”, casi tan estrictas como las de aquél primer libro que leí. Que desde las 6 semanas, al igual que la bebé de mi amiga Anna, duerme toda la noche y rara vez llora.

Sorprendentemente, llegué al mismo destino que mi amiga, aún cuando tomé un camino completamente distinto.

Hoy, tengo a una bebé muy tranquila, muy calmada y, sobre todo, una bebé que tiene a una mamá muy en paz.

Porque esa mamá aprendió que no existe el “MEJOR” método de crianza, existe el que A TI TE FUNCIONA. Y ese, sólo ese, es el perfecto.

Deja un comentario

comentarios