Es bien fácil confundirse entre el vaso medio lleno y el vaso medio vacío

07/21/2011 7:48 pm

Tan fácil que da miedo.

Es bien fácil, también, contagiarse de las cosas negativas. Ocurre sin que te des cuenta y cuando te das cuenta eres ya otra persona.

Un ejemplo sencillo. Ayer los Venezolanos festejaban todo el partido lo bien que había jugado la “vinotinto”. Pensé que sólo mis amigos eran cursis. Leía tanto positivismo que mejor me metí a leer el hashtag. Eran todos. Todos echaban porras. Leí como 70 tuits y no encontré ninguno negativo. Todos hablaban bien. Todos reconocían el esfuerzo y nadie le mentaba madres al equipo por no haber ganado. Nadie echaba chistes del jugador que no metió el gol. Ni del que le robaron el pase. TODOS tenían un comentario positivo sobre el partido que acababan de perder.

Pausa. Los Venezolanos deberían de tener 345 razones por las cuales mentar madres a diario. Quejarse. Llorar. Quejarse. Echarle la culpa al de al lado. A la selección, al director técnico o al presidente, también.

No namás son ellos. Pasa lo mismo con muchos otros países. Y no es sólo cosa del fútbol, hablo de los detalles chiquitos. De la actitud. Del orgullo con el que uno habla del país. De la manera en la que se evalúan y afrontan las cosas y los problemas del día. De la vida personal.

No se por qué los Mexicanos hemos aprendido a ser bien quejiques. Bien criticones. Sentimos que somos productivos al resaltar los errores, al ser “sinceros”… Es una forma de aventar la bolita. Decir qué creemos que está mal y esperar que así cambien (los otros) las cosas. Ver por qué no podemos hacer las cosas en lugar de ver cómo sí las podríamos hacer.

Últimamente he tenido la oportunidad de ver cómo reaccionan ante la misma situación grupos de distintas nacionalidades. La mismita. Con los mismos escenarios y la misma decisión a tomar. Y sí, adivinaron bien. Mientras que otras culturas ven el vaso medio lleno, los Mexicanos insistimos en verlo medio vacío.

No entiendo por qué pasa ni entiendo cómo evitarlo. Tampoco entiendo cómo se contagia ni conozco la cura. Sólo apenas me di cuenta de que existe. De que he sido y soy parte de esa cultura negativa. Esa donde se grita que “sí se puede” pero se espera que no se pueda.

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