De paparazzis y leyes de la selva

06/16/2012 10:43 am

Ayer comía rico con una amiga cuando recibió una llamada que nos hizo pedir la cuenta e irnos: uno de nuestros amigos había chocado con una señora y el novio de ella lo golpeó.

Con tráfico y lluvia llegamos a encontrar un choque bastante feo. A mi amigo el del seguro le preguntaba qué quería hacer, siempre advirtiéndole que si levantaba cargos iba a ser un proceso largo y tedioso que no le recomendaba. La dueña de la camioneta ya no estaba en el lugar y sólo quedaba el novio rodeado de amigos corpulentos y platicando con la policía.

Dado lo pacífico de mi amigo, lo único que quedaba era esperar a las grúas, montar los autos e irse a checar al hospital. Así que en lo que pasaba el tiempo me puse a documentar el accidente.

Como le hago diario con cualquier comida, persona o cosa que me llama la atención, jugaba con mi cámara y los filtros. Le tomé a una pared rota, a las manchas de llanta en el asfalto, a mi amigo, a su carro, a las piezas en el piso, al choque en zoom, al choque en toma abierta. A los tipos del otro coche les molestó esto, y se acercaron a gritarme e intimidarme para que les diera la cámara. Yo me fui hacia donde estaban los policías -buscando protección.

Lo que pasó de ahí fue algo que entendí hasta muchas horas después. Me rodearon 3 policías más los 2 gorilas, me subieron a una patrulla e hicieron que borrara todas mis fotos. No dejaron que se fuera nadie en la patrulla conmigo y me llevaron a una estación; todo el camino recordándome que iba a ser procesada y si seguía alegando me iban a esposar.

Nunca antes había sentido tanto miedo. De ese que te tiembla la voz y las manos. Que te duele el corazón de lo rápido que late. Que te genera tanta impotencia que solo genera más angustia.

Le hablé a Andrés y no entraba. Le hablé otra vez. Una tercera, dejé mensaje. Me daba pavor que me quitaran el celular sin poderle avisar a él a donde me llevaban. Bendito sea el Whatsapp y su “share location”, cuando por fin entró la llamada ya estaba saliendo a buscarme.

Me metieron en un cuarto en donde tenían a otros esposados y dijeron que ahora el problema es que además de las fotografías estaba “indocumentada”.  Hacerlos entrar en razón era imposible. Sé bien lo que dice en el código civil de Panamá: los extranjeros sólo necesitan portar identificación oficial de su país o copia del pasaporte – los cuales traía. Y en caso de no traer nada la única sanción es una multa de $10 usd. Pero lo único que recibía eran agresiones verbales y amenazas de esposarme si le seguía.

En medio de toda la bulla escuché al policía que había estado en el choque decirle al comandante: “Ésta man le sacó fotografías al carro de (inserte aquí político prepotente)… Era (____)… esta pendeja no sabe lo que hace”.

Y así entendí todo. Y así me calmé y esperé a que mis amigos llegaran y trajeran mi pasaporte. El eslabón que le faltaba a mi historia tan absurda era ese del tipo con poder por quien se inventan reglas.

Al poco rato llegaron mis amigos y unos abogados de la oficina. Al contarles el nombre que había escuchado lo entendieron todo. Recomendaron que si mi amigo levantaba acusaciones no lo hiciera sólo y esas cosas que pasan en la ley de la selva.

Quién sabe si en México me hubiera pasado lo mismo, sin embargo sé que la situación no me extraña. No quiero quemar al político ni iniciar un 132, no me toca ni es mi país. Tampoco quiero menos a Panamá por esto ni se me quitan las ganas de vivir aquí. Pero sí me abre los ojos a entender que acá soy MINORÍA y acá mis argumentos NO sirven. Acá el código civil no cuenta y si el policía decide algo se debe cumplir. Acá, soy sólo una extranjera que no tiene a nadie mas que a su novio y sus amigos… y una cuadrúpeda con hambre por la que no puedo arriesgar pasar la noche en la cárcel.

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comentarios

  • http://www.jlberistain.blogspot.com Beristain

    Qué impotencia y falta de progenitora. Saludos.

    • http://www.pawichiz.com pawichiz

      Sí, hay que andarse con cuidado. Gracias por leer!