A pensar menos y a confiar más

10/17/2011 11:35 pm

¡Me gusta tanto admirar! Muchísimo. Observo, estudio, busco patrones, métodos, actitudes. Se me convierte en un vicio. Encuentro una fascinación espectacular por la persona que admiro. Paso días y días examinando, y de repente, PUM, se va. Me doy cuenta que es un ser humano como cualquier otro. Con sus enfermedades, sus mentiras, sus fallas de fuerza de voluntad, su egoísmo.

Así me pasa siempre. Esa extraña adicción de encontrar a quién admirar para después decodificar a la persona y derrumbar el castillito de arena. Over and over again.

Cada vez la búsqueda es peor. Más cansada. Menos productiva. Con el paso del tiempo se me han ido terminando esas personas a quienes admirar. Ya no conozco a ninguna mujer, por ejemplo. Por lo menos no ninguna que vea como modelo a seguir.

Leo lo que escribo y suena tremendísimamente arrogante. No es así. No es que encuentre defectos en otras personas que considere virtudes en mí. Sólo encuentro huecos, tales como los míos. Agujeritos por los que se cuelan el miedo y las inseguridades. Cuerpos permeados por debilidad que no hacen más que incrementar mi propio miedo y las ganas de huir, lejos, como siempre.

Pero en lugar de huir me quedo. Para pensar menos y confiar más.

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